Soy Luis Colmenares, padre de dos hijas que son mi mayor fuente de inspiración.
Cocinero de profesión, curioso por naturaleza y apasionado por la tecnología.
Hace más de doce años decidí cambiar el rumbo de mi vida. Dejé un oficio técnico para entrar al universo de la gastronomía, buscando algo que tuviera más sentido, algo que me conectara con las personas, con el trabajo en equipo y con la creación.
Desde entonces he pasado por cocinas en distintos países —entre ellos Venezuela, Chile y Argentina— y he tenido la oportunidad de vivir la gastronomía desde muchos ángulos: como cocinero, jefe de cocina, emprendedor y soñador.
Entre el fuego y la presión aprendí las lecciones más valiosas: la resiliencia, la empatía y el valor del esfuerzo colectivo.
Me formé en Gerencia Gastronómica, donde profundicé en temas de estructura de costos, planificación y gestión de cocinas.
Esa formación me permitió comprender la gastronomía más allá del plato: como un sistema vivo que requiere equilibrio entre creatividad, técnica y organización.
Además, tengo una profunda curiosidad por el diseño y la tecnología, campos a los que dedico gran parte de mi tiempo y atención.
He descubierto en ellos herramientas poderosas para comunicar y transformar ideas, y para encontrar nuevas formas de expresar la identidad gastronómica.
He trabajado en proyectos que combinan la gastronomía con el branding, explorando cómo los sabores, las texturas, los colores y las emociones pueden convivir en una misma experiencia.
En ese camino he ido conociendo y explorando disciplinas que me identifican profundamente, como el Food Design, al que he llegado de forma natural: desde la creación de propuestas gastronómicas hasta la construcción de identidades que dialogan con los sentidos.
Actualmente lidero la Posada Ventisquero, una posada con mucho significado para mí, donde he podido desarrollar una propuesta basada en la sostenibilidad y la conexión con el entorno.
Desde allí participo en proyectos como el Circuito de la Excelencia, una Asociación que promueve lo mejor del turismo venezolano a través de sus posadas, su cultura y su hospitalidad.
A la par, colaboro con Titanio, una empresa ferretera que representa la fuerza y el trabajo del llano venezolano.
En este proyecto he tenido la oportunidad de aportar, desde mi humilde posición, al desarrollo de su marca, imprimiendo personalidad y coherencia a una empresa que crece de forma sostenida, con un equipo humano invaluable, y que lleva consigo el espíritu de quienes construyen país día a día.
Mi recorrido puede parecer poco ortodoxo, y probablemente lo es.
Pero cada paso, cada cambio y cada reto me han permitido construir una visión más amplia y agradecida de la vida.
Hoy valoro profundamente esa diversidad: haber sido cocinero, emprendedor, gestor, diseñador y curioso de la tecnología.
Todo eso me ha hecho una persona más completa, más consciente y con un profundo amor por mi país, Venezuela.
Creo en la mejora continua, en la disciplina, pero también en la bondad, la gratitud y la lealtad.
Me apasiona correr, me interesan los deportes y disfruto de la sensación de avanzar —en la pista o en la vida— con constancia y equilibrio.
No me gustan las etiquetas. Prefiero definirme por lo que hago y por cómo lo hago: con compromiso, curiosidad y corazón.
Este espacio, mi blog, es una extensión de mi forma de ver el mundo.
Aquí quiero dejar mis reflexiones, pensamientos e ideas, con la esperanza de aportar, desde la experiencia y la honestidad, a un mundo un poco mejor.
